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La sombra de mi torso se proyectaba en la pared de mi cuarto, cuarto azul bañado por la luz tenue de las velas que inútilmente trataban de evitar lo inevitable. Destellos de luz hacían bailar mis pupilas, contrayéndose, dilatándose al compas de las llamas. Unas pocas gotas de sudor perlaban mi frente y mientras mi respiración marcaba el ritmo de la coreografia, una lágrima solitaria danzaba por mi mejilla. Detuve el baile y cerre los ojos...

Al fin, llegué.

Ahora estoy solo en mí.. en una soledad que reconforta y a la vez abruma, que me hace estremecer; donde no he de preocuparme.
Viajo a través de mis recuerdos, es la vía más fiable para no volver a equivocarme ¿Cuántas evasiones haran falta para encontrarme? Quizá nunca lo haga. Tal vez nunca me encuentre y me pierda en el olvido, desafiando toda ley física y desapareciendo en un suspiro. Desvaneciéndome entre las sombras que ha formado mi cuerpo acurrucado en una esquina del cuarto azul.